El caballero en la danza de la muerte

Dicen que no existen las casualidades, y que las asociaciones que nuestro cerebro encuentra en los acontecimientos que nos rodean responden a líneas de relación invisibles pero existentes. Un tema sobre el que lógicamente podemos tener todas las dudas y reticencias posibles, y que por su amplitud excede el tiempo de una breve reflexión. Sin embargo es indudable que muchos no pudimos impedir una cierta llamada de atención cuando nos llegó la noticia del fallecimiento del actor sueco Max von Sydow el 8 de marzo, coincidiendo con los primeros atisbos de la pandemia que se nos avecinaba. Para mí, como para gran parte del público cinéfilo, Sydow será para siempre el joven caballero cruzado del Séptimo Sello de Ingmar Bergman, que atraviesa la Europa medieval asolada por la peste negra, la pandemia por excelencia en el inconsciente colectivo de nuestra cultura. Es cierto que su carrera es extensa, y que para la historia del cine tan icónicas son sus imágenes jugando al ajedrez con la muerte como las que protagonizó en El Exorcista, de Friedkin; en la emisión del programa De Película de RNE del día 14 de marzo dediqué mi sección de historia del cine a su figura, y mientras grababa esa pieza radiofónica la tarde anterior a su emisión, ya con el anuncio de la llegada de la epidemia, tenía una extraña sensación premonitoria. Un giro de la historia que me ha llevado una vez más a pensar en la fuerza que en nuestra cultura ha tenido la temática de la danza macabra, tan extensa e importante en distintas artes. En mis clases en la Universidad siempre utilizo precisamente ese maravilloso final del Séptimo Sello para explicarles el tema de la danza de la muerte, que une al obispo y al caballero con el campesino. A todos nos iguala la muerte, que utiliza una de las figuras más antiguas de la historia de la danza, la línea unida con las manos, para llevarse a todos con sus pasos de baile. Siempre me he preguntado por esta idea de la danza como medio de expresión de la muerte, que ha sido uno de los grandes mitos coreográficos en la historia universal. Junto a la imagen cosmogónica en India de Shiva Nataraja, en su creación y destrucción del universo con su eterna danza, me parece una de las más hermosas e inquietantes reflexiones sobre nuestra vida, y las dos con la danza como protagonista. En medio del enclaustramiento que padecemos con la pandemia, y a la espera del final de una crisis que no sabemos a dónde nos conducirá, es inevitable reflexionar sobre la fatuidad de tantos vacuos que hoy en día se creen que el hombre domina la tierra: parece que la naturaleza de vez en cuando nos pone en nuestro sitio.

El caballero de la danza de la muerte continúa bailando en su camino eterno, imagino que con los sones del Ad mortem festinamus, del Llibre Vermell, para recordarnos la futilidad del hombre, apenas la sombra de un sueño…..

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